Madrugada. Y a estas horas las almohadas, como niñas chismosas, se vuelven mis enemigas. A estas horas decides aparecer y como si fuera poco, a estas mismas horas, no estoy para verte, no estoy para nadie.
Os contaré un cuento para que me dejeis en paz..
"Hay un miriápodo escondido en todo corazón. Un pequeño y desagradable animalito que nos inquieta profundamente y nos revuelve las entrañas en muchas ocasiones, que roe, roe sin cesar, sin compasión ni miramientos, roe como la carcoma en la madera y se regodea en los inmensos y profundos túneles que crea en nuestro ser.
En el preciso momento en el que no encuentro tus ojos cuando los busco, en el que la almohada susurra baladas de pesadilla y la cama es una prisión, ahí está él, dispuesto para su trabajo, para su tarea de roer por dentro, poco a poco, sin pausa pero sin prisa. No precisa dientes ni garras, basta con hacer más y más preguntas. "¿Por qué?" me pregunta, siempre empieza igual. "¿Cuándo?", sigue preguntando, consciente de que poco a poco logra escarvar dentro de mí. "¿Y los demás?". No se detiene. Es como la lluvia fina de otoño y como el viento salvaje del invierno. Como el deshielo de primavera y como el calor arrasante del verano.
Se desplaza sigiloso, se arrastra sobre su vientre por dentro de mí, se pasea de mi corazón a mi cabeza, los conecta, los hace pelear y él se queda con las sombras que se van generando. Cada día se hace más grande, más fuerte, más letal. Cada día se lleva un poquito más de mí, me hace ser menos yo y más él. Me arrastra a la incertidumbre y me deja tendido y solitario en las tinieblas. Solo. Vuelve a recogerme y se ríe. Se ríe en voz baja, igual que el niño que ha hecho una travesura y no ha sido reprendido.
A veces se encoge dentro de mí y se queda aletargado, como la anaconda cuando digiere a sus presas. Durante un tiempo calla y escucha, eso lo sabe hacer bien. Cuando su digestión ha terminado, retoma el trabajo allá donde lo dejó, con fuerzas renovadas y con ahínco, con el esfuerzo que la hormiga pone recolectando alimento durante el verano, con la dedicación que la abeja utiliza para recoger el néctar de las flores.
No soy más que su morada. Un pedazo de carne vacío por dentro, lleno de vacuas ilusiones, pasto de la voraz realidad. Sólo soy el globo que algún día explotará sin dejar tras de sí más que una masa de aire liberado. Nada más que eso..."
No hay comentarios:
Publicar un comentario