¡Que bailen! ¡Que bailen lento y seguido! Que no me importa. Que yo me quedo aquí con mi amiga soledad, que me hace compañía los días de lluvia y no me deja solo.
No me hace falta nadie más. Se creen que podrán conmigo; todas esas letras y números, creen que podrán conmigo. ¡Pues no! Me niego en rotundo. Me pongo unos tapones y no les oigo gritar. No, no y no. No quiero que mis metas se conviertan en vanos intentos de locura. Si mi vida da un giro, que sea de 360º. ¡Vuelve donde estabas! No me dejes solo, soledad. No dejes que baile como ellos. Pídete una copa y estate aquí, a mi lado, charlando de mil cosas sin sentido que no podría hablar con nadie más que contigo. Charlemos de la vida, de mi vida, del caos o del frenesí. Pero por favor, no te muevas de mi costado. Mira, si quieres puedo hacerte reír: puedo pensar en mi futuro, puedo hacer planes a 10 años vista; te ríes, ¿verdad? Venga va, quédate sentada soledad. O por lo menos haz que no suene melancólico, que la despedida no suene a despedida, que suene a… regreso. Eso, sí, regreso. Que vengas de vuelta y me aconsejes sobre cómo pasar el charco sin mancharme los zapatos de barro. Sí, y así podrías chillarme desde lejos que no tengo por qué preocuparme. ¡Eh! Venga va… no me hagas esto. No me… no… ¡ay!
Solo de nuevo. Incluso la soledad baila al ritmo de la vida, eso sí que no me lo esperaba.
No me hace falta nadie más. Se creen que podrán conmigo; todas esas letras y números, creen que podrán conmigo. ¡Pues no! Me niego en rotundo. Me pongo unos tapones y no les oigo gritar. No, no y no. No quiero que mis metas se conviertan en vanos intentos de locura. Si mi vida da un giro, que sea de 360º. ¡Vuelve donde estabas! No me dejes solo, soledad. No dejes que baile como ellos. Pídete una copa y estate aquí, a mi lado, charlando de mil cosas sin sentido que no podría hablar con nadie más que contigo. Charlemos de la vida, de mi vida, del caos o del frenesí. Pero por favor, no te muevas de mi costado. Mira, si quieres puedo hacerte reír: puedo pensar en mi futuro, puedo hacer planes a 10 años vista; te ríes, ¿verdad? Venga va, quédate sentada soledad. O por lo menos haz que no suene melancólico, que la despedida no suene a despedida, que suene a… regreso. Eso, sí, regreso. Que vengas de vuelta y me aconsejes sobre cómo pasar el charco sin mancharme los zapatos de barro. Sí, y así podrías chillarme desde lejos que no tengo por qué preocuparme. ¡Eh! Venga va… no me hagas esto. No me… no… ¡ay!
Solo de nuevo. Incluso la soledad baila al ritmo de la vida, eso sí que no me lo esperaba.
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