sábado

Sin toque de queda

No hay relojes a la vista, ni péndulos ni arena. Las hojas no se miden por minutos y las ramas no balancean rítmicamente por hora. Detenido, frenado, el paso se contabiliza en ansiedades seguidas y esperas aparte..
Se abre un paréntesis y dos puntos, lo suspensivo son las pupilas negras que observan como el tiempo pasa cuando el mediodía deja de serlo, cuando la tarde se hace noche y después desaparece.

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