viernes

Polvo en el viento..

A estas alturas debería saber que siempre vuelven. Vuelven etapas que creía ya superadas, otra vez mi cuerpo se despega de mi mente, vuelven a bailar en compases distintos, dibujando grotescas figuras, pintando el caos, espirales confusas diluidas en negro. En mi cabeza se ejecuta un movimiento perfecto, armónico, pero mis pies siguen la batuta despacio, muy despacio; las palabras brotan de una forma torpe y desordenada, como si tuviesen que abrirse paso hacia el exterior luchando por flotar entre una brea espesa, asfixiante, y llegasen exhaustas a la superficie, convertidas en un murmullo ahogado.

Un trío disonante y patético, un vals de pies arrastrados..

El último vestigio de esperanza se diluyó como una gota de agua en un océano, mi alegría, la alegría que había conseguido atesorar en las últimas semanas, naufragó una vez más en el sinsentido. Polvo en el viento, cenizas esparcidas por la tierra, imposibles de recuperar.

El simple hecho de vivir me supone un esfuerzo enorme, el día tras día me consume, absorbiendo toda mi energía vital. Agonizo durante el resto del día, enterrado en montañas de obligaciones, de problemas, de querer hacerlo todo y no poder hacer absolutamente nada.

Añoro los veranos felices y despreocupados, aquellos veranos de pantalones cortados por la rodilla, helados derritiéndose al sol, días interminables y noches calurosas bañadas en la humedad salada de una playa cualquiera. Ahora el verano sólo es una sucesión de días marcados por la rutina, por un sol que quema, que mata, perlado por recuerdos como miles de alfileres manchados de sangre seca, por los ecos de unas risas que suenan tan lejanas que parece que no existan, la falsa luz de una estrella que lleva millones de años muerta.

Querría quemar todas las cuerdas que me atan, pero las más recias surgen de mi mente, y ella, como siempre, es más fuerte que yo. Estoy cansado de perder..

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