domingo

Azúl Atlántico

El azul marino, desteñido y estrellado, tiene algo, ese algo que te recuerda que detrás de esa montaña de edificios hay un mundo por ver y que, al menos una persona, está al otro lado, viendo, pensando, sintiendo lo mismo. La brisa nos acaricia a ambos, el olor a hierba húmeda se nos hace huésped y la mirada se nos centra en la nada, al cabo de unos segundos, resulta serlo todo, ese sentir completo. Conexión de mentes. Sentimientos extracorpóreos. Perder la noción del tiempo, calles vacías, un silencio ensordecedor, y de vuelta a este banco. El viaje más largo de mi vida sin mover un solo dedo..

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